Como
un ladrón sigiloso mi meta era llegar a él sin levantar sospechas, para robar no
solo un trozo, sino todo ese tesoro tan preciado por muchos. Tan hábil como me
califican soy la única persona capaz de pasar por alto los mecanismos de
seguridad que en ti habitan. Solo yo puedo ingresar, tomarlo e irme sin alterar
ningún componente. Aunque luego suenen las alarmas de tu boca y tus ojos
comiencen a derramar ese tan salado acido derrite ladrones.
Para
ello no solo es necesario tener habilidad, sino una ayuda interna. Algunos
contactos para poder tener acceso total de ti.
El
camino fue difícil, aunque no imposible. Salte unos metros para subirme a tu
dedo mayor del pie, le di media vuelta para llegar a tu talón, y seguí trepando
unos kilómetros (o por lo menos así me pareció) por tu pantorrilla hasta llegar
a tu muslo, y avance… Me topé con algo que no conocía, unas caderas
simpaticonas que me hacían un guiño al caminar. Perdí la concentración, casi me
caigo pero logre sujetarme fuerte… La caída pudo haber terminado con mi vida al
instante. No me detuve, continúe hasta mi meta yendo hacia tu parte frontal a
gatas por tu vientre con llegada en tus costillas. Allí el camino se hizo un
poco mas simple, tenía una escalera, pero de lo que no me percate fue que
estando anonadado por el paisaje que inundaba mi vista, avance en dirección
contraria.
Ya
era tarde para volver… Debía tomar otro camino, avance por tu espalda hasta
llegar a tu cuello y recorrerlo me tardo el suficiente tiempo para que casi te
des cuenta que algo estaba dando vueltas sobre ti, me dieron ganas de clavar
una bandera con mi nombre pero sabía que no era necesario y simplemente me
deslice por el tobogán de tus pechos hasta la parada principal. Tome camino
hacia un costado y allí estaba…
Sin
palabras frente a él. Tan bello como si fuera nuevo aunque es sabido que ha
tenido batallas y ha sido destrozado alguna vez. Muy valiente de tu parte
lograste recomponerlo. Te felicito, me lo dejaste sano para mí.
Y
allí estaba yo, y él… Y yo, y él… Y yo… Y él… El… Y… Y nos miramos fijamente…
Una presión muy fuerte me cerró el pecho, no podía casi ni respirar… La altura
me estaba matando… Era él o yo…
Si
lo tomaba iba a demorar mucho tiempo, ya no tenía oxígeno para respirar… Pero
si no lo hacía… Me lamentaría toda mi vida el no haberlo hecho. Tome uno de mis
últimos suspiros sobre ti, observe nuevamente el bello paisaje de pieles que
robaban mis ojos, sonidos de respiración activaban mis oídos y una leve brisa
paso por mi cara con un dulce aroma a miel… En ese momento toda mi vida paso
frente a mí, lo único que debía hacer era apresurarme a tomar mi tesoro.
Pensé… Pensé y opte por tomar una decisión.
Respire por última vez y me recosté.
Preferí morir junto a tu corazón que
robarlo y saber que te estaría haciendo daño.
L.B.