Me llamo Martin, creo que me conocen algunos de ustedes. Los
que no, tenían suerte.
Meses después del fin de semana de enero en el parque Roma
la volví a ver, volví a ver a Sofía. Yo me encontraba en la mañana de un día de
la semana semidormido en el 140 yendo hacia la facultad de medicina y cuando
doblaba en Scalabrini Ortiz la vi comprando en el kiosco de la esquina, supongo
que Philips Morris. Realmente entre en pánico, no sabía qué hacer. Una parte de
mi quería tocar el timbre y bajar, pero mi parte consciente me decía que no,
que iba a aparentar ser un psicópata. Así que tome aire, me puse el traje de
demente y baje del colectivo dos paradas después, sobre Cabrera, corrí en busca
de su persona. Mientras llegaba a Scalabrini pensando cómo hablarle me encontré
en otra disyuntiva que era si llamarle la atención de alguna forma no estúpida o
si ir directamente a saludarla diciendo “Sofía?
Como estas? Tanto tiempo!”, sin aparentar ser un idiota. La divise a lo
lejos, unos 50 metros y camine directamente hacia ella que se encontraba
caminando directamente hacia mí, pero con la vista concentrada en abrir sus
cigarrillos. Tan estúpido fui que al pasar a su lado solo me anime a golpear
suavemente con mi hombro el suyo y seguir caminando sin que se diera cuenta quien
fue.
Entienden porque les dije al principio que tenían suerte de
no conocerme? Porque soy un idiota, cuatro meses esperando a verla y cuando la
tengo frente mío no supe que hacer, de hecho no hice nada.
Espere el 140 nuevamente y seguí mi camino, atormentado
nuevamente y pensando en lo inútil que era durante el resto del día. Al llegar
la noche, acostado en la cama sin haber cenado y a punto de dormir todas las luces del departamento
parecieron encenderse. Se mudó y vive en
Palermo!!!, grité temiendo despertar a los vecinos. Por eso nunca volví a verla en el parque.
Mi nuevo objetivo ahora es volver a encontrarla sin tener
miedo de hablarle, sin entrar en pánico nuevamente. Me mudo a Palermo en dos
semanas.
L.B.