Justo antes de clausurar sus ojos vio un color rubí pintar
el cielo y los árboles, pintar granate todo el panorama.
La respiración estaba determinada por una especie de soga
que atravesaba su cuello. Solo cortándola podría dar paso al aire hacia el
interior de su cuerpo.
El calor del asfalto,
eso fue lo que sintió su rostro al momento que se desgarraba por rozar
cruelmente piel con piso, luego carne con piso, hasta desintegrarse dejando en
el ambiente un dulce aroma ahumado.
Todos sus músculos quedaron inmóviles luego del impacto, o quizás
antes también lo estaban.
Una inmensa batería retumbo en sus oídos dándole a entender que
no era el único damnificado. Estaba equivocado, la batería sonaba en todo su
cuerpo.
Voló su vida, de principio a fin. Reviviendo en milisegundos
esos momentos que lo habían marcado por dentro a fuego. Una foto panorámica de
sus seres amados sentencio el final del recorrido.
Pero el grito no fue suficiente, los reflejos no siempre
funcionan como uno quiere y así te traicionan cuando más los necesitas.
Él solo buscaba un lugar acogedor donde poder recuperar
fuerzas tras un gran gasto metros atrás.
Dejando la vida por beber un sorbo de agua bajo el arrasador
sol de verano intenta volver al lugar en el que estaba.
En una disyuntiva se encontró de repente cuando su cuerpo pedía
cosas que no tenía. Dejar todo lo que había logrado para empezar de nuevo o
seguir hasta el final con el riesgo de la deshidratación y el desmayo.
Así empezó todo…
L.B.